PENSAMIENTO DEL DIA DE HOY
" Creer en ti mismo, crea milagros"
terroncitos de amor y amistad!
Querida Johis:
Se que la vida no nos ha sonreído como solía hacerlo!
Se que estamos pasando momentos bien difíciles que nunca nos imaginamos tener que vivirlos
Se que la vida a veces se ensaña con nosotros de alguna manera que quisiéramos encontrarle explicación alguna!... el porque y para que.
Pero entre mas busquemos respuestas mas difícil pasaremos nuestras días.
Tenemos que buscar mejor soluciones favorables y que realmente nos dejen respirar más profundo y puro.
Tenemos que aprender a no rendirnos, que cuando una puerta se nos cierra en la vida
Hoy fue un día muy difícil para ti, para la Abuelita Mima y para Chinita. Pero como todo ya paso y ahora al mal tiempo buena cara, a recuperar ese aliento y seguir adelante.
Te queremos mucho, queremos oírte sonreír, molestar, el Club no es lo mismo sin vos.
Todas te enviamos nuestro amor, nuestras oraciones son constantes para tu recuperación,
Besos
TEA CUP CLUB –
Veronica Villatoro - Gladys Nowell

Hoy ese soplo tiene un nombre propio: Irena Sandler. Desgraciadamente ha tenido que ser su muerte a los 97 años la que ha destapado la historia de su magnífica vida. Una vida sacrificada que salvó a 2.500 niños de morir en manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Los héroes ni nacen ni se hacen, solamente actúan, desde las sombras, sin esperar nada a cambio, porque sus conciencias así se lo dictan; ella simplemente “hizo lo que tenía que hacer, nada más”, según sus palabras. Y en aquel momento de su vida supo que aquellos niños necesitaban de su ayuda… y actuó.
Corría el año 1939; eran los años en que Hitler y su Alemania parecían imparables. Como su ambición imperial. Uno tras otro, los países iban doblando su rodilla ante el poder devastador de su ejército; las blitzkrieg, o guerras relámpagos imponían el nuevo orden mientras los aliados se miraban sin decidirse a actuar. Aquel año, Alemania invadió Polonia, donde trabajaba una joven en unos comedores sociales. Fue en esos comedores donde aquella joven, que respondía al nombre de Irena Sandler, empezó a realizar sus primeras acciones que ya dejaban vislumbrar esa estrella mágica por la que están tocados los héroes. En un ambiente antisemita y cargado de odios y tensiones, Irena comenzó a darle comida y dinero a familias judías perseguidas y a inscribirlos como católicos para evitarles la detención.
Durante tres años ayudó como pudo; sin embargo, el poder de la Wermacht, auspiciado por sus victorias por toda Europa, no hacía sino aumentar la opresión sobre los judíos. 1942 fue un año trágico en la historia de Polonia. En Varsovia se construyó un guetto en el que se apartó, como apestados, a todos los judíos. Tras aquellas murallas murieron, de las maneras más indignas y terribles, cientos, miles de judíos, sin ayuda, solos, olvidados por el mundo que seguía sin despertar ante la cruel barbarie de los delirios de grandeza de Hitler.
Y es en momentos así cuando de las sombras siempre surgen héroes sin nombre capaces de entregarse por los débiles, por los necesitados. Es en momentos así cuando se demuestra que el Bien Supremo, en mayúsculas, existe, como antítesis al Mal Supremo. Y ese Bien Supremo en aquel momento era Irena Sandler.
Contaba Irena, anciana ya, en su Varsovia natal, que su padre le enseñó que las gentes son buenas o malas en función de sus actos y no de lo que tienen; por eso, le decía, “ayuda siempre que puedas al necesitado”. Luchó hasta que consiguió un pase para el guetto del departamento de Epidemiología y así comenzó su labor humanitaria entrando alimentos y medicina y dándoselo a escondidas a los hambrientos y enfermos. Ella, que no era judía, se colocaba cada día sobre su pecho la Estrella de David para poder entrar y no levantar sospechas. Sin embargo, el guetto se llenaba cada día más, y los enfermos y necesitados se multiplicaban; y, por otro lado, estaban los niños, que le rompían el corazón. Ellos eran el futuro, y decidió que era a ellos a los que intentaría ayudar de la manera más insospechada: sacándolos del guetto.
Cada día prometía a sus padres que los sacaría sano y salvo y que los llevaría a lugares donde los nazis no los descubrirían. Y así, comenzó esa difícil y peligrosa tarea. Utilizó los medios más extraños y variados: los sacó en ataúdes; los escondió entre las basuras; abrió pasadizos secretos; les dio pases de salidas falsos aduciendo que tenían enfermedades contagiosas… Y de todos los niños que iba sacando guardaba sus identidades verdaderas en frascos y latas que enterraba en el jardín de la casa de su vecino.
Pero en un espacio tan cerrado, y con el control férreo que ejercía la Gestapo no era raro que tarde o temprano la atraparan. Fueron varios meses los que estuvo encerrada por los nazis, quienes la torturaron para que diera los nombres de aquellos niños y su localización; le rompieron ambas piernas; le rompieron los pies; al maltrato físico se unía el psicológico, pero Irena Sandler, fiel a aquellas enseñanzas de su padre, se mantuvo firme y jamás dijo una palabra. Finalmente, la sentenciaron a muerte. Pero por suerte, la Resistencia finalmente intervino. No podían dejar que aquella mujer que guardaba un secreto tan preciado, que sólo ella sabía, muriera. Y así, compraron al guarda que la custodiaba.
Irena Sandler pudo escapar de su prisión y con la ayuda de la Resistencia huyó del país, no sin antes decirles a éstos la localización exacta de todos aquellos botes y latas donde se escondían los nombres de los niños salvados y donde estaban ocultos cada uno. Cuando se desenterraron, una vez acabada la Guerra y abandonado el guetto, se encontraron 2.500 latas y botes con los nombres de los 2.500 niños a los que Irena Sandler había ayudado a escapar de aquel maldito lugar.


La mujer ocupa dentro de la naturaleza, el punto central como reina universal, no solamente de la especie humana sino de todo aquello que contenga belleza, ternura, amor.
Ahí donde está la mujer, hay belleza. Donde no está la mujer, hay tristeza. Ahí, donde está la mujer hay amor, donde ella falta hay dolor. Quien quiera comprobar estas cosas visite una casa de hombres solos y encontrará el vacío de la mujer, extrañará de inmediato su presencia.
Se dice que en la vida de todo hombre, hay siempre una mujer; detrás de los triunfos y fracasos de los grandes hombres del mundo siempre existe una mujer que ha hecho posible sus victorias o sus derrotas; lo mismo podemos decir del hombre ignorado, de aquél que se desliza entre las olas de la vida, sin que nadie se percate de su existencia.
Lo interesante de todo esto, es que a pesar de que el hombre siempre le canta a la mujer sus estrofas de amor, canciones del alma, le expresa los sentimientos del corazón, le tributa toda clase de galantería y le brinda toda clase de mimos, cuidados y palabras adornadas con el fruto de su sagacidad, sin embargo ignora totalmente cuál debe ser su comportamiento para con ella.
Es evidente que el hombre en general siempre ha creído ser superior a la mujer sin que haya dado una explicación satisfactoria, ¿de dónde ha sacado tal superioridad, en qué consiste y por qué motivos? Si la mujer y el hombre son como dos gotas de agua y marchan paralelas en sus destinos, ¿cómo puede ocurrírsele al varón suponer semejante adefesio de creerse superior a la mujer? ¿De qué código sacó tal teoría?, ¿en qué reglamento figura y bajo qué leyes específicas está fundamentada tal superioridad? ¿Podrá el hombre acaso responder legalmente sin incurrir en el absurdo o en la estupidez, tales interrogantes?
Es apenas lógico que la mujer nunca ha sido comprendida por el hombre, ni valorada en toda la extensión de sus virtudes y atributos; si así lo fuera, el hombre jamás levantaría la mano, ni aún la voz para hacer, ni hablar cosa alguna contra la dignidad, la libertad, el respeto y el derecho a compartir todas las cosas por igual con el hombre.
La liberación de la mujer es un derecho que le corresponde por vía directa sin consentimientos y sin permiso de nadie, ella tiene derecho a la mitad de la vida universal y el hombre tiene derecho exactamente a la otra mitad sin más, ni menos; en estas condiciones la mujer tiene pleno derecho a ser libre verdaderamente dentro del matrimonio, fuera del matrimonio, en la calle, en el hogar, en el trabajo y en todas partes donde se encuentre debe ser absolutamente… ¡libre! Estamos hablando de la libertad consciente dentro del amor, dentro de las Leyes Divinas, dentro de las leyes de los hombres, dentro de la sociedad, dentro del respeto moral, espiritual y conyugal.
No es precisamente el matrimonio quien va a cambiar los derechos de la mujer ni la religión ni la política, ni las doctrinas, cualquiera que sean, ni los jueces, ni sus propios padres, ni siquiera la misma naturaleza tiene tal derecho; esto solamente se le ocurre a la insensatez y a la ignorancia de aquellos varones (hay excepciones), que se atreven a tender barreras a la libertad y al derecho de la mujer, ya porque sea hija de familia, hermana, madre o esposa, o ya porque el varón se abroga derechos que no le corresponden tendiendo barreras inhumanas y absurdas a la liberación femenina.
Los jueces que escriben los códigos, los hombres que hacen las leyes, los esposos que esclavizan a las esposas, los padres que encierran a sus hijas, los escritores que en forma despectiva y con obscuros tintes de ignorancia limitan la libertad y los derechos de la mujer, están rubricando con la tinta indeleble de la ignominia, la auténtica liberación de la mujer.
Ella, que con su ternura de madre nos dio la vida, la hermanita que dulcemente nos da cariño, la esposa que llena de ilusiones, entrega la pureza de su cuerpo y los dones de sus virtudes femeninas y en general todas las mujeres del mundo tienen pleno derecho a ser libres ante Dios y ante los hombres en todos los países de la tierra, sin que se vaya a confundir en ningún momento la libertad con el libertinaje.
¿En dónde están los méritos del hombre para reclamar superioridad?, ¿con qué derecho, con qué atributos puede reclamar tales privilegios?; ¿será que confunde las virtudes con sus propios errores, tales como las borracheras, los adulterios, las fornicaciones, los vicios, la crueldad, el machismo, el despotismo, las sátiras palabras duras e hirientes y toda la negra lista de los procedimientos masculinos, proyectados siempre en contra de la dignidad, el respeto y el derecho de la mujer?
Es apenas lógico que para el hombre, concederle tales derechos legítimos a la mujer, se necesita trascienda esa gama de obscuros conceptos equivocados a fin de hacer luz en su reducida mente pecaminosa y terrible en cuyo espacio solamente se anidan vicios, hábitos, aberraciones, lujuria, soberbia, crueldad, ambiciones desmedidas por el dinero, el comercio, las apariencias, posiciones sociales, la envidia, la codicia, la pereza, las divagaciones ociosas de la mente, los instintos agresivos y bestiales, la ira, el odio, el rencor, la venganza, etc. Y que por Dios… se atreva a aceptar que:
La mujer ha logrado superarse por sí sola en muchos aspectos, ha logrado algunos avances en la política, en las esferas gubernamentales o de estado y en las burocracias de diferentes tipos tales como diplomacia, mujeres ministros, gobernadoras, alcaldesas, o presidentes municipales, etc. En la misma forma han escalado algunas posiciones en el poder legislativo llegando a ser Senadoras, Representantes de naciones, Embajadoras, etc.
Se necesita pues, que la mujer en general, aprenda a revolucionarse contra el dominio déspota y autoritario del humanoide masculino; es hora de que la mujer sea libre, auténticamente libre y que reine por siempre sobre nuestro planeta tierra investida de sus plenos derechos que por Ley de la misma naturaleza y del cosmos le corresponden y que se vayan para siempre los despotismos, el machismo, el autoritarismo y la imparcialidad injusta del que se dice y se hace llamar: “Hombre”, pero que aún está muy lejos de serlo en toda la extensión de la palabra. Eso es todo.
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